¿Es necesario cenar proteína? Lo que ocurre con tus músculos mientras duermes

Son las nueve de la noche. Entrenaste por la tarde, llegas a casa con hambre y preparas la cena. Entonces aparece una de esas preguntas que parecen sencillas hasta que buscamos información en internet: “¿Tengo que cenar proteína?”. Algunas personas aseguran que hacerlo es indispensable porque el músculo se recupera mientras dormimos. Otras dicen que comer proteína por la noche “se convierte en grasa”, y también están quienes toman un batido justo antes de acostarse porque temen pasar ocho horas sin aminoácidos.
Detrás de todas estas ideas existe una parte de verdad mezclada con bastante exageración. Nuestro músculo efectivamente continúa realizando procesos de reparación y remodelación durante la noche. La proteína que consumimos proporciona aminoácidos necesarios para esos procesos y la alimentación alrededor del entrenamiento puede ayudarnos a optimizar la recuperación. Pero esto no significa que exista una hora exacta después de la cual nuestros músculos comiencen a desaparecer.
Para entenderlo necesitamos dejar de pensar en la proteína como un medicamento que debe tomarse a determinadas horas y comenzar a verla como un nutriente cuya cantidad y distribución se acumulan a lo largo del día. Tu desayuno, comida, cena y colaciones forman parte de una misma estrategia. Una cena con proteína puede ser una excelente oportunidad para completar esa estrategia, pero no puede corregir por sí sola un día entero con una alimentación insuficiente.
La evidencia científica publicada entre 2020 y 2025 ha permitido comprender mejor la relación entre proteína total, distribución, entrenamiento de fuerza y consumo antes de dormir. Y la respuesta resulta mucho más útil que simplemente decir “sí, debes cenar proteína”: para muchas personas que entrenan, incluir proteína en la cena tiene sentido, pero la razón no es que exista una regla metabólica especial después de las ocho de la noche.
Hay además una situación particularmente interesante: dos personas pueden consumir exactamente la misma cantidad de proteína durante el día, pero distribuirla de maneras completamente diferentes. Una concentra casi todo en una comida y la otra la reparte entre desayuno, comida y cena. ¿Obtendrán necesariamente el mismo beneficio para sus músculos? Guardemos esa pregunta, porque al final nos ayudará a entender qué debería haber realmente en tu cena.
¿Qué pasa con la proteína que comes durante la cena?
Cuando cenas huevo, pescado, pollo, carne, yogurt, queso, soya, leguminosas u otra fuente de proteína, tu aparato digestivo comienza a procesarla. Las proteínas son estructuras grandes formadas por unidades más pequeñas llamadas aminoácidos. Durante la digestión estas estructuras se descomponen y los aminoácidos quedan disponibles para ser absorbidos y utilizados por el organismo.
Podemos imaginar una proteína como un collar formado por muchas cuentas. El aparato digestivo rompe el collar y libera esas pequeñas piezas. Una vez disponibles, el cuerpo puede utilizarlas para diferentes funciones. Algunas participan en la formación y reparación de tejidos, otras en enzimas, transportadores y numerosos procesos que ocurren continuamente, incluso mientras estás dormido.
El músculo se encuentra en constante remodelación. Durante todo el día ocurren procesos de síntesis y degradación de proteínas musculares. El entrenamiento de fuerza modifica este escenario porque proporciona una señal que estimula adaptaciones posteriores. La sesión termina cuando guardas las pesas, pero la respuesta del organismo continúa durante la recuperación.
Por eso una cena que contiene proteína puede aportar aminoácidos durante parte del periodo posterior al entrenamiento y antes del ayuno nocturno. Esto adquiere especial sentido cuando entrenaste por la tarde o noche, aunque no significa que una persona que entrenó por la mañana deje de beneficiarse de consumir proteína durante la cena. Estamos hablando de cubrir necesidades diarias y distribuir oportunidades de ingesta, no únicamente de perseguir una ventana diminuta después del ejercicio.
La proteína nocturna tampoco viaja directamente hacia el músculo que entrenaste. El organismo decide cómo utilizar los aminoácidos según múltiples necesidades fisiológicas. Lo que podemos hacer mediante alimentación y entrenamiento es crear un entorno favorable para que exista suficiente disponibilidad de nutrientes mientras proporcionamos repetidamente el estímulo necesario para mantener o desarrollar masa muscular.
Tu músculo no deja de recuperarse cuando te quedas dormido
Existe una tendencia a imaginar que la recuperación ocurre solamente durante las dos horas posteriores al entrenamiento. Terminamos la última serie, tomamos proteína y pensamos que el trabajo nutricional está completo. En realidad, las adaptaciones producidas por el ejercicio continúan desarrollándose durante un periodo mucho más amplio.
El entrenamiento de resistencia funciona como una señal enviada al músculo: “necesitamos adaptarnos para poder responder nuevamente a esta demanda”. A partir de ahí comienza una serie compleja de procesos. Podemos imaginar que el entrenamiento deja una orden de remodelación y durante las horas posteriores llegan trabajadores a realizarla. Para hacerlo necesitan materiales, y ahí entran los aminoácidos procedentes de la alimentación.
Dormir no detiene a esos trabajadores. De hecho, el periodo nocturno forma parte de nuestra recuperación. Una revisión sistemática publicada en Journal of Science and Medicine in Sport en 2021 evaluó específicamente el consumo de proteína antes de dormir y encontró evidencia de que puede aumentar la síntesis proteica durante la noche, especialmente cuando se combina con entrenamiento de fuerza.
Esto ha llevado a popularizar la recomendación de consumir caseína antes de acostarse. La caseína se digiere de manera relativamente lenta y por eso ha sido ampliamente investigada en este contexto. Sin embargo, existe una diferencia importante entre decir que la proteína consumida antes de dormir puede estimular la síntesis proteica nocturna y afirmar que todo el mundo necesita obligatoriamente un batido de caseína antes de acostarse.
La primera afirmación tiene respaldo fisiológico y científico. La segunda convierte una posible estrategia de optimización en una obligación universal. Antes de añadir una comida o suplemento nocturno necesitamos observar qué ocurrió durante todo el día, cuánto comió la persona y cuál es su objetivo.

Entonces, ¿es obligatorio cenar proteína para ganar músculo?
No existe una regla que diga que si una noche cenas sin proteína perderás músculo. El crecimiento muscular es un proceso acumulativo que depende del entrenamiento, nutrición, recuperación y consistencia durante semanas y meses. Ninguna comida aislada tiene el poder de construir o destruir por sí misma el resultado completo.
Sin embargo, si entrenas fuerza y quieres desarrollar o conservar masa muscular, incluir una fuente de proteína en la cena suele ser una estrategia muy razonable. No porque la cena tenga propiedades especiales, sino porque representa otra oportunidad para distribuir tu ingesta proteica durante el día.
Supongamos que una persona necesita una cantidad determinada de proteína y prácticamente no consume nada durante el desayuno. Come una cantidad pequeña al mediodía y por la noche intenta compensar todo con una pechuga enorme y un batido. Aunque probablemente pueda absorber y utilizar esa proteína, concentrar casi toda la ingesta en una sola comida no necesariamente representa la distribución más práctica para aprovechar repetidas oportunidades de estimular la síntesis proteica muscular.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en The Journal of Nutrition en 2020 analizó precisamente la relación entre ingesta de proteína, momento de consumo y composición corporal. La evidencia apoya la importancia de cubrir suficiente proteína total y sugiere que la distribución puede utilizarse como una herramienta adicional, aunque no debemos convertir el horario exacto en algo más importante que la cantidad diaria.
Por eso podemos establecer una jerarquía sencilla. Primero necesitamos asegurarnos de consumir suficiente proteína en el conjunto del día. Después podemos distribuirla de manera razonable entre diferentes comidas. Finalmente, si queremos optimizar todavía más la estrategia según horario de entrenamiento y objetivos, podemos considerar el consumo cercano al ejercicio o antes de dormir.
¿Cuánta proteína deberías incluir en la cena?
Aquí aparece otra pregunta frecuente: “Entonces, ¿cuántos gramos necesito?”. Es tentador responder con un número exacto porque parece mucho más fácil de seguir, pero las necesidades proteicas no son idénticas para todas las personas. Peso corporal, edad, entrenamiento, objetivo, ingesta energética y alimentación total modifican el contexto.
Una persona de 55 kilogramos que entrena tres veces por semana no necesariamente necesita la misma cantidad que un hombre de 90 kilogramos con cinco sesiones semanales de entrenamiento de fuerza. Por eso una recomendación profesional comienza calculando aproximadamente las necesidades diarias y después decide cómo distribuirlas.
La evidencia reciente también respalda esta forma de trabajar. Un metaanálisis de Nunes y colaboradores publicado en 2022 evaluó estudios sobre ingesta de proteína, masa muscular y función en adultos sanos. Sus resultados mostraron que incrementar la proteína puede proporcionar beneficios adicionales para la masa magra, particularmente cuando existe entrenamiento de fuerza, pero el beneficio no aumenta indefinidamente simplemente porque continuemos añadiendo proteína.
Podemos pensar en ello como regar una planta. Necesitamos proporcionar suficiente agua para mantenerla y permitir su crecimiento, pero vaciar diez cubetas encima de ella no hará que crezca diez veces más rápido. Con la proteína ocurre algo parecido: necesitamos cubrir requerimientos y crear una distribución útil, no perseguir la mayor cantidad posible.
En la práctica, una cena puede contener una porción adecuada de pollo, pescado, huevo, carne, lácteos, soya, leguminosas o una combinación de diferentes alimentos. La cantidad específica debería decidirse dentro del objetivo diario de cada persona y no mediante una regla universal copiada de redes sociales.
¿La proteína de la cena tiene que ser pollo?
Este parece un detalle pequeño, pero en consulta se vuelve enormemente importante. Cuando alguien escucha “necesitas proteína en la cena”, muchas veces traduce esa recomendación como “tengo que cenar pechuga de pollo todos los días”. Después de dos semanas comienza el aburrimiento y al mes la dieta parece imposible de mantener.
El pollo es una excelente fuente de proteína, pero no posee exclusividad sobre la recuperación muscular. Pescado, atún, huevo, quesos, yogurt, leche, carne, soya, tofu y diferentes combinaciones con leguminosas pueden contribuir a cubrir las necesidades. Una alimentación variada también proporciona nutrientes distintos y resulta mucho más sostenible.
Imagina dos cenas. Una contiene tacos con una fuente adecuada de proteína, tortilla y verduras. Otra incluye pescado con papa y ensalada. Ambas pueden formar parte perfectamente de una alimentación orientada a desarrollar músculo o perder grasa. No necesitamos convertir la cena en un plato triste de pollo hervido con lechuga para que sea “fitness”.
Las personas vegetarianas o veganas tampoco están excluidas de esta estrategia. Podemos utilizar soya y derivados, leguminosas y otras fuentes vegetales, planificando adecuadamente la cantidad y calidad proteica total. Dependiendo del patrón de alimentación, combinar diferentes fuentes durante el día ayuda a cubrir aminoácidos esenciales y otros nutrientes.
Cuando ampliamos nuestras opciones ocurre algo importante: dejamos de construir una dieta alrededor de alimentos “permitidos” y comenzamos a construirla alrededor de necesidades. Esa diferencia hace que una alimentación deportiva pueda sobrevivir mucho más allá de unas cuantas semanas.

¿Es mejor cenar proteína si entrenas por la tarde o noche?
Si entrenas por la tarde o noche, la cena puede convertirse naturalmente en tu comida posterior al entrenamiento. En ese escenario incluir proteína tiene mucho sentido porque proporciona aminoácidos durante el periodo de recuperación sin necesidad de añadir obligatoriamente otro alimento o suplemento.
Imagina que terminas de entrenar a las siete y cenas a las ocho. No necesitas tomar un batido inmediatamente al terminar para después comer pescado o pollo una hora más tarde solamente porque temes perder la famosa “ventana anabólica”. Si tu alimentación previa fue adecuada y pronto tendrás una comida completa, la cena puede cubrir perfectamente esa oportunidad de ingesta.
La evidencia contemporánea ha ayudado a disminuir la importancia exagerada que durante años se dio a una ventana de 30 minutos. El momento de consumo puede importar, pero necesitamos observarlo dentro de una ventana de recuperación mucho más amplia y, especialmente, dentro de la ingesta total diaria.
El escenario cambia si terminas de entrenar y pasarán muchas horas antes de que vuelvas a comer. Ahí una fuente práctica de proteína puede tener mayor utilidad. El mismo principio aplica si entrenas muy temprano después de un ayuno nocturno prolongado. La nutrición alrededor del entrenamiento se adapta a la situación en lugar de seguir un cronómetro idéntico para todos.
Por eso entrenar por la noche no significa necesitar dos cenas, un batido y caseína antes de dormir. Si tu cena ya proporciona suficiente proteína y tu ingesta diaria está bien cubierta, añadir suplementos simplemente porque entrenaste tarde puede ser innecesario.
¿Necesitas tomar proteína justo antes de dormir?
Aquí llegamos a una de las partes más interesantes del tema. La investigación sobre proteína antes de dormir ha mostrado que consumirla durante este periodo puede aumentar la disponibilidad de aminoácidos y estimular la síntesis de proteína muscular durante la noche. Esto es fisiológicamente plausible y ha sido observado especialmente en estudios relacionados con entrenamiento de resistencia.
Una revisión sistemática de Reis y colaboradores publicada en 2021 analizó los efectos del consumo de proteína antes de dormir sobre diferentes resultados musculares. Los estudios sugieren que aproximadamente 20–40 gramos de proteína consumidos antes de acostarse pueden aumentar la síntesis proteica nocturna, aunque los efectos sobre cambios de masa muscular a largo plazo dependen del contexto completo de entrenamiento y alimentación.
Sin embargo, debemos interpretar correctamente esta evidencia. Muchos protocolos utilizan proteína adicional antes de dormir, por lo que en algunos casos no es fácil separar completamente el efecto del horario del efecto de simplemente consumir más proteína total. Si una persona estaba comiendo una cantidad insuficiente y añadimos una porción nocturna, mejorar su ingesta total también puede explicar parte del beneficio.
Además, “antes de dormir” no necesariamente significa que debas levantarte de la cama para preparar un shaker. Si cenas relativamente cerca de la hora de acostarte y esa cena contiene suficiente proteína, ya has proporcionado aminoácidos provenientes de una comida completa que continuará digiriéndose durante parte de la noche.
Por eso la proteína pre-sueño puede ser una herramienta interesante para determinados deportistas o personas con objetivos específicos, pero no necesitamos convertirla en una regla universal. Primero cubrimos el día; después optimizamos la noche.
¿La caseína es mejor que la whey por la noche?
La caseína suele aparecer cuando hablamos de proteína nocturna porque tiene características digestivas diferentes al suero de leche o whey. Tiende a formar una estructura dentro del estómago que produce una liberación relativamente más prolongada de aminoácidos, lo que la convirtió en una candidata lógica para estudiar durante el periodo nocturno.
Esto explica por qué numerosos estudios de proteína antes de dormir han utilizado caseína. Sin embargo, que sea una herramienta útil dentro de investigación y nutrición deportiva no significa que necesites comprarla para obtener resultados. Una cena con alimentos proteicos también requiere digestión durante horas y puede proporcionar aminoácidos durante parte del periodo nocturno.
Un yogurt griego, leche, queso cottage u otros alimentos pueden aportar proteínas lácteas que incluyen caseína. Huevos, pescado, carnes, soya y otras fuentes también pueden formar parte de una cena adecuada aunque tengan características digestivas diferentes.
La whey puede utilizarse por la noche si resulta práctica. No se vuelve inútil cuando oscurece. Si alguien necesita complementar su proteína diaria y solamente tiene proteína de suero disponible, no existe una razón para pensar que necesariamente necesita comprar otro suplemento exclusivamente para la noche.
La pregunta más importante continúa siendo la misma: ¿necesitamos realmente agregar proteína? Si la persona ya cubrió sus requerimientos y cenó adecuadamente, quizá discutir entre caseína y whey sea intentar optimizar el último uno por ciento mientras el resto del plan ya está resuelto.
¿Cenar proteína hace que subas de peso?
Existe otra creencia que compite directamente con el miedo a perder músculo: “No cenes proteína porque comer de noche engorda”. Para entender por qué esta idea es demasiado simplista necesitamos distinguir entre el horario de una comida y el balance energético acumulado.
Una fuente de proteína aporta energía, igual que otros alimentos. Si durante semanas consumimos sistemáticamente más energía de la que necesitamos, podemos aumentar nuestras reservas corporales. Pero el organismo no transforma automáticamente la proteína de la cena en grasa simplemente porque el reloj marque las nueve de la noche.
El horario puede influir en nuestra conducta y existen investigaciones sobre ritmos circadianos y metabolismo que continúan explorando cómo la distribución temporal de alimentos puede afectar diferentes variables metabólicas. Sin embargo, esto es muy diferente a decir que después de cierta hora cualquier alimento provoca aumento de grasa.
Para una persona que intenta perder grasa mientras conserva músculo, incluir proteína en la cena puede ser especialmente útil. Durante una etapa de déficit energético queremos mantener un estímulo adecuado mediante entrenamiento de fuerza y proporcionar suficiente proteína para favorecer la conservación de masa magra. La cena puede contribuir a completar esa ingesta.
El verdadero problema podría aparecer si añadimos alimentos nocturnos sin considerar el resto de la alimentación. Si alguien ya cubrió todas sus necesidades y después añade un batido grande, crema de cacahuate, avena y otros ingredientes porque cree que necesita “alimentar al músculo mientras duerme”, puede estar agregando energía que realmente no necesitaba. Nuevamente, el contexto cambia la respuesta.

¿Qué pasa si cenas solamente fruta, cereal o una ensalada?
No existe nada inherentemente malo en cenar fruta, cereal o una ensalada. El problema aparece cuando observamos el patrón completo y descubrimos que la cena representa regularmente una oportunidad perdida para cubrir las necesidades de proteína de una persona que entrena.
Imagina que desayunas muy poca proteína, comes una cantidad moderada y por la noche cenas únicamente fruta. Si esto ocurre todos los días, quizá termines bastante lejos de tus necesidades. En ese caso el problema no es la fruta; es la estructura completa de la alimentación.
Podemos resolverlo sin eliminar los alimentos que disfrutas. La fruta puede acompañarse de yogurt, por ejemplo. Una ensalada puede incluir pollo, atún, huevo, queso, tofu o leguminosas. El cereal puede combinarse con leche o yogurt y otros alimentos según las necesidades de la persona. La idea no es prohibir, sino completar.
Esto también evita uno de los errores clásicos de las dietas para bajar de peso: hacer desayunos relativamente normales, comer poco durante el día y terminar con una cena extremadamente ligera porque creemos que “de noche ya no necesitamos energía”. El resultado puede ser hambre, dificultad para alcanzar proteína suficiente y, en algunas personas, mayor deseo de comer posteriormente.
Una cena equilibrada no tiene que ser enorme. Necesita tener sentido dentro del día. Cuando la construimos así, dejamos de preocuparnos por si un alimento está permitido a cierta hora y comenzamos a preguntarnos qué función cumple dentro de nuestros objetivos.
¿Y si no tienes hambre por la noche?
Tampoco necesitamos obligarnos a realizar una cena enorme únicamente porque entrenamos. El apetito varía entre personas y puede cambiar según horario, comidas anteriores, actividad y rutina. Si alguien naturalmente tiene poco apetito durante la noche, podemos organizar una mayor parte de sus necesidades en otros momentos.
La nutrición deportiva no debería convertirse en una serie de obligaciones desconectadas de la persona. Podemos distribuir proteína durante desayuno, comida y colaciones de manera que la cena sea más pequeña. Si existe necesidad, también podemos utilizar alimentos de menor volumen que resulten fáciles de consumir.
Esto es particularmente importante cuando comer demasiado cerca de acostarse provoca pesadez, reflujo o afecta la calidad del sueño. No tendría sentido perseguir una supuesta optimización muscular nocturna si la estrategia termina deteriorando nuestro descanso.
El sueño también forma parte de la recuperación. Por eso cualquier recomendación de proteína antes de dormir debe considerar tolerancia individual. Lo que funciona perfectamente para una persona puede resultar incómodo para otra.
Una estrategia sostenible encuentra el punto donde nutrición, entrenamiento y vida cotidiana pueden convivir. No necesitas seguir el horario alimentario de otra persona para obtener resultados.
Lo más importante ocurre durante las 24 horas, no solamente durante la cena
Ahora podemos regresar a las dos personas que dejamos pendientes desde la introducción. Ambas consumían la misma cantidad de proteína diaria, pero una concentraba casi toda en una sola comida mientras la otra la distribuía entre diferentes momentos. ¿Quién tiene automáticamente mejores resultados? La ciencia no permite convertir esta comparación en una sentencia absoluta porque entrenamiento, cantidad total, energía y muchos otros factores también importan.
Lo que sí podemos decir es que distribuir cantidades adecuadas de proteína entre diferentes comidas ofrece varias oportunidades para estimular la síntesis proteica muscular. Por eso, una vez cubierta la cantidad diaria, una distribución razonable puede formar parte de una estrategia orientada a optimizar las adaptaciones al entrenamiento.
Esto coloca la cena en el lugar correcto. No es una comida mágica, pero tampoco necesitamos ignorarla. Para alguien que entrena y busca aumentar o conservar músculo, incluir una fuente adecuada de proteína en la cena suele ser una forma sencilla de completar y distribuir la ingesta diaria.
El error aparece cuando comenzamos por el final. Comprar caseína, poner una alarma para tomar un batido antes de dormir o preocuparnos porque cenamos a las 10:15 en lugar de las 9:30 tiene poco sentido si durante el resto del día apenas consumimos proteína o nuestro entrenamiento carece de estructura.
Primero construimos los fundamentos: suficiente proteína total, energía adecuada, entrenamiento de fuerza, recuperación y una alimentación variada. Después utilizamos el horario para hacer esa estrategia más práctica y, cuando sea pertinente, optimizarla.
Conclusión: sí puede valer la pena cenar proteína, pero no por la razón que te contaron
Entonces, ¿es necesario cenar proteína? Para una persona que entrena fuerza y quiere desarrollar o conservar músculo, incluir proteína durante la cena es generalmente una estrategia útil, especialmente si ayuda a cubrir y distribuir adecuadamente sus necesidades diarias. Pero no existe una regla que diga que saltarte una cena proteica una noche hará que pierdas músculo mientras duermes.
Tampoco necesitas beber obligatoriamente un batido antes de acostarte. La investigación entre 2020 y 2025 muestra que la proteína consumida antes del sueño puede aumentar la síntesis proteica nocturna y puede utilizarse estratégicamente en determinados contextos. Sin embargo, la cantidad total diaria, el entrenamiento y la alimentación completa continúan siendo fundamentales.
Una cena con huevo, pescado, pollo, yogurt, carne, queso, tofu, soya o leguminosas puede cumplir perfectamente su función. Podemos acompañarla con tortilla, arroz, papa, pan, fruta, verduras u otros alimentos según las necesidades y objetivos. Comer para mejorar tu composición corporal no significa terminar todos los días frente a una pechuga de pollo con lechuga.
Y quizá esta sea la idea más importante: tu cuerpo no construye músculo comida por comida, sino como resultado de lo que haces repetidamente durante semanas y meses. La cena forma parte de ese proceso, pero no necesita convertirse en una prueba diaria de perfección.
En nuestros Planes de 90 Días, la nutrición y el entrenamiento en casa o gimnasio se estructuran según tus necesidades, horarios y objetivos. No se trata solamente de decirte qué comer por la noche, sino de conseguir que desayuno, comida, cena, entrenamiento y recuperación trabajen juntos para mejorar tu composición corporal.
Porque tus músculos no necesitan que vivas pendiente del reloj. Necesitan que les proporciones, de manera suficientemente constante, un buen estímulo para crecer, los nutrientes para recuperarse y el tiempo necesario para adaptarse.
Referencias
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