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Carbohidratos para el entrenamiento: el combustible que tu cuerpo necesita

1 sept
15 min de lectura
Carbohidratos para el entrenamiento
Carbohidratos para el entrenamiento

Llegas al gimnasio dispuesto a entrenar fuerte. Tienes tu rutina, sabes qué ejercicios harás y estás decidido a mejorar respecto a la semana anterior. Comienzas bien, pero conforme avanzan las series ocurre algo extraño: las piernas se sienten pesadas, las repeticiones cuestan más de lo habitual y aquel peso que normalmente controlas parece haberse vuelto mucho más difícil. Quizá pienses que dormiste mal, que necesitas un preentreno más fuerte o simplemente que “hoy no era tu día”, pero existe otra posibilidad que muchas veces olvidamos: tu tanque de combustible puede estar demasiado vacío.

Durante años, los carbohidratos han ocupado un lugar extraño dentro del mundo del gimnasio. En algunos momentos se presentan como indispensables para desarrollar músculo y, en otros, como el nutriente que debemos eliminar si queremos perder grasa. Esta contradicción ha llevado a muchas personas a entrenar intensamente mientras intentan mantener su consumo de arroz, tortilla, avena, papa, pan o fruta lo más bajo posible, convencidas de que cuantos menos carbohidratos consuman, mejores serán sus resultados.

El problema es que nuestro cuerpo no interpreta los carbohidratos como un enemigo. Los utiliza como una de sus principales fuentes de energía, especialmente cuando la intensidad del ejercicio aumenta. En actividades como series de sentadillas, press, peso muerto, desplantes o rutinas con bastante volumen, el músculo necesita producir energía rápidamente. Ahí las reservas de glucógeno adquieren una importancia especial y los carbohidratos que consumimos durante el día contribuyen a mantenerlas disponibles.

Esto no significa que tengas que comer cantidades enormes de carbohidratos ni que una persona que consume menos de ellos sea incapaz de entrenar. La fisiología es mucho más flexible. De hecho, una revisión sistemática publicada en Nutrients en 2022 encontró que aumentar carbohidratos no mejora automáticamente todas las sesiones de fuerza, especialmente cuando la persona llega alimentada y realiza un volumen moderado. Sin embargo, los beneficios se vuelven más probables cuando las sesiones son largas, el volumen es elevado, existe ayuno previo o las reservas de glucógeno están reducidas.

Entonces la verdadera pregunta no es “¿los carbohidratos son buenos o malos?”. La pregunta útil es cuánto los necesita tu entrenamiento, cuándo pueden ayudarte y qué ocurre cuando intentas reducirlos más de lo que tu rutina permite. Al final de este artículo volveremos a aquella sesión donde las pesas parecían inexplicablemente más pesadas y veremos por qué el problema quizá nunca estuvo en tu motivación.


¿Qué hacen realmente los carbohidratos cuando los comes?

Cuando consumes alimentos como avena, tortilla, arroz, papa, pasta, fruta o leguminosas, una parte importante de sus carbohidratos termina convertida en glucosa durante la digestión. Esa glucosa puede utilizarse inmediatamente para obtener energía o almacenarse para utilizarla posteriormente. Uno de los lugares donde se almacena es el músculo, principalmente en forma de glucógeno, creando una reserva especialmente útil cuando necesitamos producir energía rápidamente durante el ejercicio.

Podemos imaginar el músculo como un teléfono con una batería interna. Durante el día puedes utilizar energía proveniente de diferentes fuentes, pero cuando comienzas una actividad intensa necesitas acceder rápidamente a esa batería. Conforme realizas series y repeticiones, una parte del glucógeno muscular puede utilizarse para contribuir a cubrir las demandas energéticas de la contracción. Después del entrenamiento, la alimentación ayuda progresivamente a recargar esas reservas para futuras sesiones.

Esta comparación no significa que los músculos se apaguen automáticamente cuando baja el glucógeno. El organismo puede utilizar diferentes combustibles y dispone de múltiples vías energéticas trabajando simultáneamente. Sin embargo, cuanto mayor es la intensidad del esfuerzo y mayor es el volumen acumulado, más importante puede volverse la disponibilidad de carbohidratos para sostener el rendimiento.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Sports Medicine en 2022 encontró que consumir carbohidratos alrededor del entrenamiento de resistencia podía mejorar el volumen total de la sesión, sobre todo cuando el entrenamiento duraba más de 45 minutos o cuando las personas habían pasado ocho horas o más sin comer. También observaron que el efecto tendía a aumentar cuando existían más series realizadas con esfuerzo elevado.

La evidencia más reciente sobre glucógeno ayuda a entender por qué. Una revisión sistemática y metaanálisis que recopiló estudios de entrenamiento de fuerza encontró una disminución significativa del glucógeno muscular después de las sesiones, con una mayor reducción conforme aumentaban el número de series y la duración del entrenamiento. Dicho de otra manera, cuanto más trabajo le pides al músculo, más importante puede resultar llegar con suficiente energía disponible.


El glucógeno muscular: la batería que alimenta tus series

Hablar de glucógeno puede sonar técnico, pero su función es bastante sencilla de visualizar. Imagina que cada músculo tiene una despensa donde guarda una parte de los carbohidratos que has consumido. Cuando realizas un esfuerzo intenso, el músculo puede utilizar rápidamente ese combustible almacenado para ayudar a producir la energía necesaria para continuar trabajando.

Ahora pensemos en una sesión de pierna con sentadillas, prensa, peso muerto rumano, desplantes y extensiones. Cada ejercicio incluye varias series y cada serie representa una nueva demanda. Al principio la despensa está relativamente llena, pero conforme avanza la sesión vamos utilizando parte de lo almacenado. Si además comenzaste el entrenamiento después de muchas horas sin comer o llevas varios días consumiendo muy pocos carbohidratos, el contexto energético puede ser diferente.

Esto ayuda a explicar por qué el efecto de los carbohidratos no es idéntico en todas las rutinas. Una persona que realiza seis series totales y ha comido adecuadamente durante el día probablemente no necesite consumir carbohidratos adicionales durante el entrenamiento. En cambio, alguien que entrena durante 90 minutos, realiza mucho volumen o combina dos sesiones deportivas durante el mismo día puede beneficiarse más de una disponibilidad elevada.

La revisión de Henselmans y colaboradores de 2022 encontró precisamente esta diferencia. En sesiones de fuerza de volumen moderado y realizadas en estado alimentado, aumentar carbohidratos no mostró beneficios consistentes. En cambio, existían más indicios de mejora cuando el entrenamiento tenía un volumen considerable, se realizaba después de ayuno o existía depleción previa de glucógeno.

Este detalle es muy importante porque evita convertir la nutrición deportiva en una regla universal. No todas las personas necesitan comer la misma cantidad de carbohidratos. La cantidad debería adaptarse al tamaño corporal, objetivo, gasto energético, frecuencia de entrenamiento, volumen, intensidad y preferencias. Alguien que entrena fuerza tres veces por semana tiene necesidades distintas de quien combina pesas con carrera, futbol o CrossFit.

Glucógeno múscular.
Glucógeno múscular.

¿Por qué tu entrenamiento puede sentirse peor cuando comes muy pocos carbohidratos?

Cuando una persona reduce considerablemente los carbohidratos suele observar algo atractivo al principio: la báscula puede bajar rápidamente. Parte de esta reducción puede relacionarse con una menor cantidad de glucógeno y del agua asociada a su almacenamiento. El número disminuye y resulta fácil interpretar que eliminar carbohidratos está acelerando enormemente la pérdida de grasa.

Sin embargo, después de algunos días o semanas puede aparecer otra sensación. Las piernas parecen más pesadas, cuesta completar las últimas repeticiones, el volumen disminuye y algunos entrenamientos pierden intensidad. Esto no necesariamente ocurre en todas las personas ni con cualquier reducción de carbohidratos, pero puede aparecer cuando la disponibilidad energética deja de ser suficiente para las demandas del programa.

Es parecido a conducir un automóvil intentando ahorrar gasolina utilizando siempre la cantidad mínima posible. Para recorridos cortos puede funcionar sin dificultad, pero si de pronto necesitas conducir durante varias horas o subir una pendiente pronunciada, tener el tanque casi vacío deja de ser una ventaja. El problema no era la gasolina; era intentar realizar una tarea demandante con una cantidad insuficiente.

Además, cuando el objetivo es mejorar la composición corporal, el rendimiento importa. Para conservar o desarrollar músculo necesitamos seguir proporcionando un estímulo suficientemente desafiante mediante el entrenamiento de fuerza. Si una dieta muy restrictiva provoca una caída importante y sostenida del volumen, las cargas o la capacidad de recuperación, quizá estamos perjudicando una de las señales que precisamente queremos proteger.

Esto no significa que una dieta baja en carbohidratos sea incompatible con cualquier entrenamiento de fuerza. La revisión de 2022 encontró que en muchas situaciones la ingesta aguda de carbohidratos no modificaba significativamente el rendimiento, especialmente en sesiones moderadas y cuando las personas ya habían comido. La enseñanza correcta no es “más carbohidratos siempre es mejor”, sino evitar reducirlos por miedo cuando el entrenamiento realmente puede beneficiarse de ellos.


Los carbohidratos no hacen crecer músculo directamente, pero pueden ayudarte a entrenar para conseguirlo

Aquí necesitamos separar dos ideas. La proteína aporta aminoácidos directamente relacionados con la síntesis y reparación de proteínas musculares. Los carbohidratos no cumplen exactamente esa función. Por eso sería incorrecto decir que comer arroz construye músculo de la misma manera que disponer de aminoácidos adecuados participa en los procesos de remodelación muscular.

Sin embargo, el desarrollo muscular no depende únicamente de los nutrientes que llegan después del entrenamiento. Depende también de la calidad del estímulo que conseguimos producir durante semanas y meses. Si una alimentación con suficiente energía y carbohidratos te permite completar más trabajo de calidad, mantener cargas, realizar más repeticiones y recuperarte mejor entre sesiones, puede apoyar indirectamente el entorno necesario para progresar.

Podemos imaginar la hipertrofia como construir una casa. La proteína proporciona parte de los ladrillos y materiales, mientras el entrenamiento representa a los trabajadores que reciben instrucciones de construir. Los carbohidratos funcionan más como la electricidad y el combustible de las herramientas. No forman directamente las paredes, pero trabajar con energía suficiente puede facilitar que la construcción avance.

Aun así, debemos evitar exagerar. Hasta 2025, la evidencia no permite afirmar que simplemente aumentar carbohidratos produzca más hipertrofia independientemente del resto de la dieta. Lo que sabemos con mayor claridad es que pueden apoyar el rendimiento, especialmente bajo determinadas demandas, y que una dieta deportiva debe proporcionar suficiente energía para permitir entrenar y recuperarse adecuadamente.

Por eso, cuando alguien quiere ganar músculo, no basta con preguntarle cuántos gramos de proteína consume. También necesitamos analizar cuánto está comiendo en total, cómo se distribuye su energía, cómo se siente durante el entrenamiento y si su consumo de carbohidratos es compatible con el volumen de trabajo que realiza.


¿Qué carbohidratos son mejores para alguien que entrena?

Una vez que dejamos de tenerles miedo aparece una pregunta diferente: ¿todos los carbohidratos son iguales? Desde un punto de vista estrictamente energético, diferentes fuentes pueden proporcionar glucosa, pero nutricionalmente los alimentos que los contienen pueden ser muy distintos. Por eso la calidad global de la dieta sigue siendo importante.

Harvard T.H. Chan School of Public Health enfatiza precisamente esta idea: la calidad de los carbohidratos importa más que clasificarlos a todos bajo una misma etiqueta. Frutas, leguminosas, verduras, cereales integrales y otros alimentos mínimamente procesados aportan, además de carbohidratos, diferentes cantidades de fibra, vitaminas, minerales y compuestos bioactivos.

Esto significa que una persona que entrena no necesita obtener todos sus carbohidratos de arroz blanco. Puede consumir tortilla, papa, camote, avena, pasta, pan, frutas, leguminosas y cereales diversos. De hecho, variar las fuentes permite ampliar la calidad nutricional y evita convertir la alimentación deportiva en una repetición interminable de los mismos alimentos.

El contexto alrededor del entrenamiento también puede modificar qué opción resulta más cómoda. Una comida muy alta en fibra y grasa puede ser excelente nutricionalmente, pero quizá resulte pesada justo antes de una sesión intensa. En ese momento algunas personas toleran mejor alimentos más sencillos y fáciles de digerir. En cambio, durante comidas alejadas del entrenamiento podemos aprovechar una mayor variedad de alimentos ricos en fibra y micronutrientes.

La mejor fuente de carbohidratos, por lo tanto, no puede decidirse únicamente por una tabla. Depende de cuándo la consumes, cómo la toleras, qué entrenamiento realizarás y qué necesita el resto de tu alimentación. Esta es otra razón por la que copiar exactamente lo que come un atleta en redes sociales rara vez representa la mejor estrategia.

¿Cuáles carbohidratos son los mejores?
¿Cuáles carbohidratos son los mejores?

¿Cuándo conviene comer carbohidratos antes de entrenar?

No existe una hora única que funcione para todos, pero la comida previa al entrenamiento puede cumplir una función muy práctica: llegar a la sesión con suficiente energía y sin molestias digestivas. Para muchas personas, una comida con carbohidratos y proteína unas horas antes del entrenamiento funciona bien porque proporciona nutrientes sin tener que comer inmediatamente antes de comenzar.

Imagina que entrenas después del trabajo y comiste por última vez al mediodía. Llegas al gimnasio a las siete de la noche después de siete horas prácticamente sin alimentos. En ese escenario una colación previa con carbohidratos puede tener mucho más sentido que para alguien que comió una comida completa a las cinco y entrena a las seis.

La evidencia del metaanálisis de King y colaboradores va precisamente en esta dirección: los beneficios agudos de los carbohidratos para el rendimiento fueron más claros después de periodos de ayuno prolongados y durante sesiones de mayor duración. Esto refuerza la idea de utilizar la nutrición según la necesidad, no simplemente porque existe una regla fitness que dice que siempre debemos comer antes de entrenar.

Algunas opciones pueden ser fruta con yogurt, avena con leche, pan con una fuente de proteína, tortilla con huevo, arroz dentro de una comida completa o diferentes combinaciones dependiendo del horario. Lo importante es llegar con energía sin generar molestias gastrointestinales. La cantidad y composición deberán adaptarse según tamaño corporal, tolerancia y tipo de sesión.

Si entrenas temprano y no toleras comida sólida, quizá una opción pequeña o líquida sea más cómoda. Y si entrenar en ayunas te resulta agradable, tus sesiones son cortas y mantienes buen rendimiento, tampoco existe obligación universal de comer. Una vez más, el contexto importa más que la regla.


¿Necesitas carbohidratos durante el entrenamiento?

Para muchas personas que realizan una sesión de fuerza normal de 45 a 60 minutos después de haber comido adecuadamente, probablemente no sea necesario consumir carbohidratos durante el entrenamiento. Agua y una alimentación suficiente durante el resto del día pueden cubrir perfectamente sus necesidades.

Sin embargo, cuando las sesiones se prolongan, el volumen aumenta considerablemente o se combinan diferentes modalidades de ejercicio, consumir carbohidratos durante el entrenamiento puede volverse más útil. Esto explica por qué las recomendaciones para un levantador recreativo no pueden ser idénticas a las de un ciclista, futbolista o atleta que entrena varias horas.

El metaanálisis de 2022 sobre ingesta aguda de carbohidratos encontró mayores beneficios sobre el volumen de entrenamiento cuando las sesiones superaban 45 minutos y existía un número elevado de series máximamente exigentes. Estos resultados no significan que necesites una bebida deportiva apenas tocas una mancuerna, pero ayudan a identificar los contextos donde aportar carbohidratos puede tener una función real.

También debemos recordar que las bebidas deportivas pueden aportar cantidades importantes de azúcar y energía. En un atleta con alta demanda esto puede ser precisamente lo que se busca. Para alguien que camina veinte minutos y realiza una rutina corta, probablemente no representa una necesidad. La nutrición deportiva debería ajustarse al deporte que realmente hacemos, no a la publicidad diseñada alrededor de atletas profesionales.

Antes de agregar carbohidratos dentro del entrenamiento conviene revisar una pregunta sencilla: ¿existe un problema que estamos intentando resolver? Si el rendimiento es bueno, la sesión es corta y la alimentación previa fue adecuada, quizá no necesitamos añadir nada. Si la sesión es larga, el rendimiento cae y existe una demanda considerable, entonces podemos evaluar diferentes estrategias.


¿Y después del entrenamiento? Aquí comienza la recuperación

Cuando termina una sesión, una parte del glucógeno utilizado necesita restaurarse. Consumir carbohidratos después del ejercicio contribuye a ese proceso, pero la urgencia dependerá nuevamente del contexto. Si vas a entrenar una sola vez ese día y dispones de muchas horas antes de tu siguiente sesión, no necesitas correr desesperadamente hacia una bebida azucarada.

La situación cambia cuando existen dos sesiones durante el mismo día o poco tiempo entre entrenamientos. En estos casos restaurar rápidamente las reservas puede adquirir una mayor importancia porque el siguiente esfuerzo llegará antes de que el organismo tenga muchas oportunidades para hacerlo mediante comidas habituales.

Para la mayoría de las personas que entrenan una vez al día, una comida posterior que incluya proteína, carbohidratos y otros alimentos de buena calidad suele ser una estrategia suficientemente práctica. Puede ser arroz con pollo y verduras, pero también tacos de carne con frijoles, pasta con atún, yogurt con avena y fruta o muchas otras combinaciones.

Este punto también ayuda a desmontar otra creencia: la recuperación no requiere una comida “fitness” específica. Los músculos no reconocen marcas ni recetas de Instagram. Necesitan nutrientes adecuados dentro de un periodo suficientemente razonable y una alimentación total compatible con las demandas del entrenamiento.

Por eso la mejor comida postentrenamiento es aquella que aporta lo que necesitas, toleras bien, disfrutas y puedes integrar regularmente. La consistencia sigue siendo mucho más importante que encontrar una preparación supuestamente perfecta.

Carbohidratos despúes de entrenar
Carbohidratos despúes de entrenar

¿Los carbohidratos por la noche se convierten automáticamente en grasa?

Esta idea probablemente sea una de las razones por las que tantas personas eliminan carbohidratos durante la cena. Después de cierta hora, pareciera que el arroz, la tortilla o la fruta adquieren propiedades completamente diferentes y comienzan a almacenarse automáticamente como tejido adiposo.

El organismo no funciona mediante un reloj que cambia mágicamente el destino metabólico de los carbohidratos a las ocho de la noche. El balance energético acumulado, la actividad física, la cantidad total de alimentos y numerosos factores fisiológicos determinan qué ocurre con nuestras reservas corporales. El horario puede influir en el comportamiento, ritmos circadianos y distribución de la alimentación, pero no convierte automáticamente una tortilla nocturna en grasa.

Esto resulta especialmente importante para quienes entrenan por la tarde o noche. Después de una sesión exigente puede ser perfectamente razonable incluir carbohidratos dentro de la cena para contribuir a la recuperación. Eliminarlos únicamente por miedo al horario puede dificultar innecesariamente la alimentación.

Por supuesto, si durante la noche una persona consume grandes cantidades de alimentos muy energéticos porque llegó con hambre extrema tras restringirse todo el día, el problema merece atención. Pero ahí la causa no es simplemente “haber cenado carbohidratos”; necesitamos revisar cómo estuvo estructurada toda la alimentación.

La forma más útil de pensar el horario es preguntarnos si facilita nuestro entrenamiento, hambre, digestión, sueño y adherencia. Una regla universal como “nunca carbohidratos después de las seis” aporta mucho menos que entender cómo funciona realmente nuestra rutina.


¿Puedes perder grasa comiendo carbohidratos?

Sí. Esta respuesta merece ser clara porque todavía existe una enorme cantidad de contenido afirmando lo contrario. Para disminuir grasa necesitamos un contexto energético compatible con ese objetivo. Los carbohidratos pueden formar parte perfectamente de ese contexto siempre que el consumo total sea adecuado.

Eliminar carbohidratos puede provocar una reducción rápida del peso debido, entre otras cosas, a cambios en glucógeno y líquidos. Ese efecto puede confundirse con una pérdida de grasa extraordinaria. Cuando posteriormente la persona vuelve a consumir carbohidratos y recupera parte del glucógeno y el agua asociada, interpreta que “engordó otra vez”, aunque parte del cambio no represente tejido adiposo.

Además, conservar una cantidad apropiada de carbohidratos durante una etapa de pérdida de grasa puede ayudar a sostener el rendimiento en personas que realizan bastante entrenamiento. Si esto permite mantener un mejor estímulo de fuerza, puede integrarse dentro de una estrategia para proteger masa muscular mientras reducimos tejido adiposo.

No existe una proporción universal de carbohidratos ideal para adelgazar. Algunas personas funcionan mejor con una ingesta moderada, otras prefieren cantidades mayores o menores. El éxito dependerá de cómo se integra la distribución de macronutrientes dentro de la energía total y de qué estrategia podemos mantener.

Esto explica por qué dos personas pueden perder grasa utilizando dietas con cantidades muy diferentes de carbohidratos. El arroz no decide por sí solo si una dieta funciona. El patrón completo sí importa.


El error no es comer pocos carbohidratos: es reducirlos sin preguntarte qué necesita tu entrenamiento

Después de todo lo que hemos revisado sería fácil interpretar que todas las personas deberían aumentar inmediatamente sus carbohidratos. Esa tampoco es la conclusión. Una persona con poco volumen de entrenamiento probablemente necesite una cantidad diferente a la de un atleta que realiza sesiones largas y frecuentes.

La ciencia actual también nos obliga a evitar exageraciones. La revisión sistemática de Henselmans y colaboradores encontró que aumentar carbohidratos no mejoraba de forma consistente el rendimiento de fuerza en personas alimentadas realizando hasta aproximadamente diez series por grupo muscular. Esto significa que consumir más no garantiza automáticamente levantar más.

Pero el mismo conjunto de evidencia señala que cuando las demandas aumentan, existe ayuno prolongado o el glucógeno está reducido, los carbohidratos pueden adquirir mayor importancia. La pregunta correcta entonces es cuánto necesita tu entrenamiento, no cuánto consume un culturista profesional ni cuánto recomienda una dieta de moda.

Esta diferencia representa el corazón de una nutrición realmente personalizada. Podemos aumentar carbohidratos en días de entrenamiento demandante, distribuirlos estratégicamente alrededor de sesiones o mantener cantidades diferentes según el objetivo. No necesitamos convertir el proceso en algo complicado, pero sí necesitamos dejar de tratarlos como si tuvieran una función idéntica para todas las personas.

Eliminar un nutriente solamente porque tiene mala fama puede ser tan poco razonable como consumirlo en cantidades enormes porque escuchamos que “da energía”. La mejor decisión aparece cuando entendemos qué hace, cuánto necesitamos y cómo responde nuestro cuerpo.


Conclusión: quizá tu entrenamiento no necesita más motivación, sino más combustible

Volvamos finalmente al entrenamiento con el que comenzamos este artículo. Llegaste decidido, comenzaste tu rutina y conforme avanzaron las series sentiste que cada repetición se volvía más complicada. Pensaste que necesitabas otro preentreno, más cafeína o simplemente mayor fuerza de voluntad.

Ahora sabemos que existe otra pregunta que vale la pena hacer: ¿estabas proporcionando suficiente combustible para el trabajo que querías realizar? No podemos atribuir automáticamente una mala sesión a la falta de carbohidratos, porque sueño, estrés, hidratación, programación y muchos otros factores influyen. Pero cuando una persona entrena con alto volumen, pasa largas horas sin comer o mantiene una restricción importante de carbohidratos, la disponibilidad energética merece formar parte de la evaluación.

Los carbohidratos no son un nutriente mágico y tampoco necesitamos consumirlos sin límite. La evidencia científica entre 2020 y 2025 muestra una realidad mucho más interesante: su impacto sobre el rendimiento depende del contexto. Pueden ser menos importantes en sesiones cortas y realizadas después de comer, pero su utilidad aumenta conforme crecen el volumen, la duración y las demandas del entrenamiento.

Esto también significa que no necesitas elegir entre comer carbohidratos y perder grasa. Puedes utilizar tortilla, arroz, avena, papa, pasta, fruta y leguminosas dentro de una alimentación orientada a mejorar composición corporal. Harvard también enfatiza que la calidad de las fuentes importa, privilegiando alimentos mínimamente procesados, frutas, leguminosas, verduras y cereales de buena calidad como parte de un patrón saludable.

La verdadera nutrición deportiva no consiste en eliminar alimentos hasta que la dieta parezca una prueba de disciplina. Consiste en proporcionar al organismo suficiente energía y nutrientes para responder al entrenamiento, recuperarse y acercarse progresivamente al objetivo que buscamos. Tus músculos necesitan un estímulo adecuado, proteína suficiente, descanso y también energía para realizar el trabajo.

En nuestros Planes de 90 Días, la nutrición y el entrenamiento en casa o gimnasio se diseñan como partes del mismo proceso. No buscamos quitar carbohidratos automáticamente para que la báscula baje rápido; buscamos ajustar la alimentación a las demandas reales de tu rutina y a tus objetivos de pérdida de grasa, recomposición corporal o aumento muscular. Porque si quieres que tu cuerpo rinda más, antes de exigirle otra repetición quizá debas asegurarte de que también tenga combustible para realizarla.


Referencias científicas

  • Henselmans M, Bjørnsen T, Hedderman R, Vårvik FT. The effect of carbohydrate intake on strength and resistance training performance: a systematic review. Nutrients. 2022;14(4):856. PubMed

  • King A, Helms E, Zinn C, Jukic I. The ergogenic effects of acute carbohydrate feeding on resistance exercise performance: a systematic review and meta-analysis. Sports Med. 2022;52(11):2691-2712. PubMed

  • Kerksick CM, Wilborn CD, Roberts MD, Smith-Ryan A, Kleiner SM, Jäger R, et al. ISSN exercise & sports nutrition review update: research & recommendations. J Int Soc Sports Nutr. 2018;15(1):38.

  • Thomas DT, Erdman KA, Burke LM. Position of the Academy of Nutrition and Dietetics, Dietitians of Canada, and the American College of Sports Medicine: nutrition and athletic performance. J Acad Nutr Diet. 2016;116(3):501-528.

  • Harvard TH Chan School of Public Health. Carbohydrates and blood sugar [Internet]. Boston: The Nutrition Source; [cited 2026 Aug 31]. Harvard T.H. Chan School of Public Health

  • Harvard TH Chan School of Public Health. Healthy Eating Plate [Internet]. Boston: The Nutrition Source; [cited 2026 Aug 31]. Harvard Healthy Eating Plate

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