top of page

Cómo llegar fácilmente a tu meta diaria de proteína

hace 1 día
14 min de lectura
Cómo llegar fácilmente a tu meta diaria de proteína
Cómo llegar fácilmente a tu meta diaria de proteína

Calculas por primera vez cuánta proteína necesitas y todo parece sencillo hasta que intentas llevarlo a la vida real. En el papel aparece una cantidad diaria que parece alcanzable, pero llega la noche y descubres que todavía te falta bastante. Entonces aparece la solución típica del mundo fitness: otra pechuga de pollo, varias claras de huevo o un batido enorme antes de dormir. Al día siguiente repites el proceso y rápidamente comer suficiente proteína comienza a sentirse como un segundo trabajo.

Este problema es extremadamente común porque hemos aprendido a pensar en la proteína como una cifra que debemos alcanzar al final del día, en lugar de como algo que podemos distribuir inteligentemente entre nuestras comidas. Si esperamos hasta las nueve de la noche para descubrir cuánto nos falta, tendremos que intentar resolver en una sola cena lo que pudimos construir cómodamente desde el desayuno.

La proteína tiene un papel importante cuando entrenamos fuerza porque proporciona aminoácidos que participan en los procesos de reparación y remodelación muscular. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada por Nunes y colaboradores en 2022 encontró que aumentar la ingesta de proteína puede proporcionar beneficios adicionales sobre la masa magra, especialmente cuando se combina con entrenamiento de resistencia. Pero esto no significa que mientras más proteína comamos, más músculo construiremos.

La cantidad necesaria depende del peso, objetivo, actividad, edad, estado energético y contexto individual. Por eso este artículo no pretende entregarte un número mágico idéntico para todos. Lo que vamos a resolver es el problema que aparece después de haber establecido una meta apropiada: cómo conseguir que esa cantidad deje de sentirse enorme y comience a encajar naturalmente en desayuno, comida, cena y colaciones.

Para hacerlo, vamos a seguir a una persona imaginaria que necesita aumentar su consumo de proteína. Actualmente llega a la noche intentando “rescatar” el día con una cena gigantesca. Al final veremos cómo, sin vivir de pollo, sin comer cada dos horas y sin depender obligatoriamente de proteína en polvo, podemos transformar exactamente la misma meta en algo mucho más sencillo.


Primero necesitas entender qué significa realmente tu “meta de proteína”

En redes sociales es frecuente encontrar recomendaciones como “come 150 gramos de proteína” o “necesitas dos gramos por kilogramo”. El problema es que una cifra aislada carece de contexto. Una mujer de 55 kg que comienza a entrenar fuerza, un hombre de 95 kg que busca hipertrofia y una persona que está reduciendo grasa corporal no necesariamente tienen exactamente las mismas necesidades.

En personas físicamente activas, la ingesta adecuada de proteína debe evaluarse según diferentes características. La evidencia reciente confirma que el entrenamiento de resistencia y una alimentación con suficiente proteína trabajan de manera complementaria. El músculo necesita recibir un estímulo para adaptarse y disponer de aminoácidos para apoyar sus procesos de remodelación.

Podemos imaginarlo como una obra de construcción. El entrenamiento envía la orden de remodelar el edificio y la proteína proporciona parte de los materiales. Comprar toneladas de ladrillos sin trabajadores no construye una casa, pero tampoco podemos esperar que los trabajadores avancen si constantemente faltan materiales. Necesitamos ambas cosas en cantidades adecuadas.

Aquí aparece una confusión frecuente: 100 gramos de pollo no equivalen a 100 gramos de proteína. El peso de un alimento incluye agua, grasas, minerales y otros componentes. Dependiendo del corte y preparación, una porción de carne, pescado o pollo contiene solamente una fracción de su peso en forma de proteína. Lo mismo sucede con huevo, yogurt, queso, tofu y leguminosas.

Por eso, antes de concluir que una meta proteica es imposible, necesitamos aprender a traducirla a alimentos reales. Una vez que vemos cómo diferentes fuentes contribuyen a la cantidad diaria, alcanzar el objetivo deja de significar sentarnos frente a medio kilo de pollo y comienza a convertirse en una combinación de pequeñas decisiones repartidas durante el día.


El error que hace que llegar a tu proteína parezca imposible

Volvamos a nuestra persona imaginaria. Se levanta con prisa y desayuna café con pan. A media mañana come fruta. Durante la comida incluye una pequeña cantidad de proteína, pero la mayor parte del plato está formada por otros alimentos. Por la tarde vuelve a comer algo pequeño y cuando llega la cena revisa su día.

Le falta una cantidad considerable de proteína.

Entonces intenta compensarla.

Prepara huevo, añade claras, después un yogurt y quizá termina tomando un scoop de proteína. Técnicamente puede conseguir acercarse a su objetivo, pero termina extremadamente lleno y concluye que una dieta alta en proteína es incómoda, cara y aburrida. El verdadero problema no era necesariamente la meta; era haber dejado prácticamente toda la responsabilidad para el final del día.

Podemos imaginar nuestra ingesta proteica como llenar cuatro vasos en lugar de un garrafón. Si intentas beber toda el agua del día cinco minutos antes de acostarte será desagradable. Si la distribuyes entre diferentes momentos, la misma cantidad puede sentirse completamente normal. Con la proteína ocurre algo parecido desde un punto de vista práctico.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en The Journal of Nutrition en 2020 estudió la relación entre ingesta de proteína, momento de consumo y composición corporal. La cantidad total continúa siendo una prioridad, pero distribuir la proteína durante diferentes comidas puede ser una estrategia útil dentro de una alimentación orientada al mantenimiento y desarrollo muscular.

El primer cambio para llegar fácilmente a tu meta diaria, por lo tanto, no es comprar más suplementos. Es dejar de intentar resolverla únicamente durante la comida y la cena.

Proteína en cada comida
Proteína en cada comida

El desayuno suele ser el lugar donde más proteína dejamos escapar

Piensa en algunos desayunos comunes: café con pan, cereal, fruta, jugo, avena preparada solamente con agua o un par de tostadas. Ninguno de estos alimentos necesita estar prohibido, pero si observamos exclusivamente la proteína, muchas de estas combinaciones aportan cantidades relativamente pequeñas.

Esto crea una desventaja desde temprano. Si tu desayuno contribuye muy poco a tu objetivo diario, necesitarás recuperar esa diferencia durante el resto del día. Cuando llega la comida ya estás intentando alcanzar una meta que prácticamente comenzó varias horas tarde.

No necesitamos convertir el desayuno en pollo con arroz. Podemos mantener alimentos que disfrutamos y agregar una fuente proteica. El cereal puede acompañarse con leche o yogurt; la fruta puede combinarse con yogurt griego; el pan puede formar parte de un desayuno con huevo; la avena puede prepararse con leche y complementarse con otros alimentos según las necesidades individuales.

Este pequeño cambio puede transformar completamente el resto del día. Supongamos que alguien incorpora una cantidad significativa de proteína durante el desayuno en lugar de comenzar prácticamente desde cero. Cuando llega a la comida ya no necesita una porción gigantesca y la cena deja de convertirse en una operación de rescate.

Además, un desayuno con suficiente proteína puede ayudar a construir una comida más completa y satisfactoria. No significa que desayunar proteína sea obligatorio para perder grasa ni que debamos comer apenas despertamos si no tenemos hambre. Significa que, si desayunamos, esa comida representa una oportunidad excelente para avanzar hacia nuestra meta.


Deja de pensar que proteína significa solamente pollo

Uno de los motivos por los que alcanzar una meta proteica se vuelve aburrido es que muchas personas utilizan prácticamente una sola fuente. Desayunan claras, comen pollo, cenan pollo y después de algunas semanas ya no quieren volver a ver una pechuga en su vida.

La proteína está distribuida en una enorme variedad de alimentos. Huevos, pescado, carne, pollo, leche, yogurt, quesos, soya, tofu y leguminosas pueden contribuir. Dependiendo del patrón de alimentación también podemos utilizar combinaciones de fuentes vegetales para construir una ingesta adecuada.

La variedad tiene una ventaja que va mucho más allá de evitar el aburrimiento. Diferentes alimentos proporcionan diferentes nutrientes. El pescado puede aportar ácidos grasos omega-3 dependiendo de la especie; los lácteos aportan calcio y otros nutrientes; las leguminosas proporcionan fibra, minerales y carbohidratos; el huevo contiene una matriz nutricional distinta a la de la carne.

Una revisión sistemática publicada en Nutrients en 2021 analizó diferencias entre proteínas animales y vegetales sobre resultados musculares. La calidad, digestibilidad y contenido de aminoácidos pueden variar entre fuentes, pero esto no significa que solamente las proteínas animales sean útiles. Una alimentación bien planificada puede utilizar diferentes fuentes para cubrir adecuadamente las necesidades.

Esto también hace que el plan sea más sostenible. Una alimentación deportiva debería parecerse a algo que podrías continuar comiendo después de tres meses, no a un menú de preparación para una competencia que te gustaría abandonar el viernes siguiente.


Aprende a poner una “ancla de proteína” en tus comidas

Una de las estrategias más sencillas que podemos utilizar es construir cada comida alrededor de una fuente proteica. No necesitas contar mentalmente cada aminoácido. Simplemente puedes preguntarte antes de preparar tu plato: ¿dónde está mi proteína?

En el desayuno podría ser huevo, yogurt o leche. Durante la comida puede ser pollo, pescado, carne, soya o leguminosas. En la cena nuevamente elegimos una fuente según preferencias y necesidades. Después añadimos carbohidratos, verduras, frutas, grasas y otros componentes para construir una alimentación completa.

Piensa en la proteína como el ancla de un barco. El ancla no es todo el barco, pero nos proporciona un punto desde el cual organizar lo demás. De la misma manera, comenzar identificando la fuente proteica evita preparar una comida completa y descubrir después que prácticamente no contiene proteína.

Esto resulta especialmente útil cuando comemos fuera de casa. En lugar de buscar desesperadamente el plato “más fitness”, podemos observar el menú por componentes. ¿Existe una fuente clara de proteína? ¿Qué cantidad parece contener? ¿Qué carbohidrato la acompaña? ¿Hay verduras? A partir de ahí podemos elegir sin convertir cada salida en un examen.

Con el tiempo, este proceso se vuelve automático. Dejas de pensar constantemente en gramos y comienzas a reconocer cómo se ve una comida que contribuye de manera significativa a tus necesidades.

Alimentos con proteína
Alimentos con proteína

No todos los alimentos que “tienen proteína” son realmente una fuente importante de proteína

Aquí encontramos uno de los errores más frecuentes al calcular la alimentación. Muchos alimentos contienen algo de proteína, pero eso no significa que sean una fuente proteica eficiente. Crema de cacahuate, avena, semillas y algunos cereales aportan proteína, pero también proporcionan cantidades importantes de otros macronutrientes.

Por ejemplo, utilizar crema de cacahuate como principal estrategia para aumentar proteína puede elevar considerablemente la ingesta energética antes de conseguir una cantidad equivalente a la de otras fuentes más concentradas. Esto no convierte a la crema de cacahuate en un alimento malo; simplemente significa que su función nutricional no debería confundirse.

Lo mismo sucede con las leguminosas, aunque aquí el contexto es diferente. Frijoles, lentejas y garbanzos proporcionan proteína, pero también carbohidratos y fibra. Pueden ser excelentes componentes de la dieta, especialmente dentro de patrones vegetales, pero necesitamos contabilizar su composición completa cuando diseñamos un plan.

Aprender esto evita una situación común: alguien cree estar consumiendo muchísima proteína porque agrega nueces, avena y crema de cacahuate a todo, pero cuando calculamos su alimentación descubrimos que aumentó bastante la energía sin alcanzar la cantidad proteica que esperaba.

La solución no es eliminar estos alimentos. Es reconocer qué aportan y combinarlos inteligentemente. Una dieta bien diseñada no clasifica los alimentos únicamente como “proteína” o “carbohidrato”; entiende que muchos contienen diferentes nutrientes en distintas proporciones.


Las colaciones pueden ayudarte, pero no necesitas comer cada dos horas

Existe otra creencia muy arraigada en el gimnasio: para desarrollar músculo necesitas comer constantemente. Algunas personas comienzan a cargar recipientes con comida a todas partes y sienten ansiedad si pasan tres horas sin consumir proteína.

El músculo no desaparece porque una reunión se alargó una hora.

Las colaciones pueden ser útiles, pero su función debería ser práctica. Si existe un periodo largo entre comida y cena, una colación con proteína puede ayudarte a distribuir mejor la ingesta y evitar llegar a la noche con una cantidad enorme pendiente. Yogurt, leche, queso, alimentos preparados o un batido pueden utilizarse dependiendo de la situación.

En cambio, si realizas tres comidas completas que cubren adecuadamente tus necesidades, quizá no necesites agregar múltiples colaciones simplemente porque alguien dijo que debes comer seis veces al día. La frecuencia de comidas debe adaptarse a horarios, apetito, entrenamiento y objetivos.

Esto es especialmente importante durante pérdida de grasa. Añadir alimentos constantemente “para alcanzar proteína” puede terminar aumentando la ingesta energética si no estamos considerando el resto de la dieta. Una colación es una herramienta, no una obligación.

La mejor estructura es aquella que permite alcanzar tus necesidades sin sentir que pasas todo el día pensando en comida.

Colaciones de proteína
Colaciones de proteína

¿Necesitas pesar todos tus alimentos para alcanzar la proteína?

Al comenzar un proceso nutricional, medir algunas porciones puede ser educativo. Muchas personas no saben cómo se ve una cantidad determinada de pollo, yogurt, queso o carne y terminan sobreestimando o subestimando lo que consumen.

Durante un periodo, utilizar medidas, etiquetas o una aplicación puede ayudarte a desarrollar una referencia visual. Es parecido a aprender a estacionar un automóvil: al principio necesitas mirar cuidadosamente todas las referencias; después de repetirlo suficientes veces, el proceso se vuelve mucho más intuitivo.

Esto no significa que debas pesar cada alimento durante el resto de tu vida. Para muchas personas el objetivo final es desarrollar suficiente conocimiento para tomar decisiones razonables sin necesitar una báscula de cocina en cada restaurante o reunión familiar.

También debemos recordar que las etiquetas y bases de datos tienen márgenes de variación. Contar 127 gramos de proteína frente a 129 no representa una diferencia que determine tus resultados. La nutrición no necesita convertirse en una búsqueda de precisión imposible.

La meta es crear una estructura suficientemente precisa para orientar el proceso y suficientemente flexible para poder vivir con ella. Si contar proteína comienza a generar ansiedad o una relación excesivamente rígida con los alimentos, necesitamos reconsiderar la herramienta.


¿Qué hacer cuando comes fuera de casa?

Llegar a nuestra meta de proteína en casa puede ser relativamente sencillo porque controlamos ingredientes y porciones. El desafío aparece cuando comemos en restaurantes, reuniones, viajes o durante jornadas laborales donde no tenemos nuestros alimentos habituales.

Aquí vuelve a ser útil pensar en el ancla proteica. Si vas a comer tacos, puedes observar qué cantidad de carne contienen. Si eliges pasta, puedes buscar una preparación que incluya pollo, carne, pescado o alguna fuente vegetal. Si desayunas fuera, huevo y yogurt pueden ser alternativas dependiendo del lugar.

No necesitas pedir todo sin salsa, sin tortilla y sin sabor. La proteína puede formar parte de una comida normal. De hecho, aprender a identificarla dentro de alimentos cotidianos hace que una dieta sea mucho más sostenible que depender exclusivamente de recipientes preparados en casa.

Tampoco necesitamos compensar una comida que tuvo menos proteína comiendo cantidades enormes durante la siguiente. Podemos simplemente continuar con nuestra estructura habitual. Los resultados dependen del patrón acumulado, no de que cada día termine con una cifra matemáticamente perfecta.

Cuando entendemos esto, comer fuera deja de sentirse como abandonar el plan. Comienza a convertirse en otra situación donde aplicamos las mismas herramientas con un poco más de flexibilidad.


¿La proteína en polvo hace más fácil alcanzar tu meta?

Sí, puede hacerlo. Y precisamente esa es una de sus principales ventajas: la practicidad. Una porción de proteína en polvo puede proporcionar una cantidad considerable de proteína con poco volumen y puede prepararse en pocos minutos.

Esto resulta útil para alguien que trabaja muchas horas, tiene poco apetito, viaja, termina de entrenar lejos de casa o simplemente necesita completar una cantidad que resulta difícil cubrir mediante alimentos sólidos. En esos escenarios el suplemento resuelve un problema real.

Sin embargo, no es obligatorio. Si consigues alcanzar cómodamente tus necesidades mediante alimentos, no necesitas comprar proteína en polvo para desarrollar músculo. El organismo utiliza aminoácidos independientemente de que procedan de un bote de whey o de una comida, aunque los alimentos completos pueden proporcionar muchos otros nutrientes.

El error sería utilizar suplementos para sustituir sistemáticamente comidas completas. Tomar tres batidos porque resulta más sencillo que planificar una alimentación puede ayudarnos a alcanzar una cifra de proteína, pero quizá deje sin resolver fibra, micronutrientes, variedad y otros componentes importantes.

La proteína en polvo funciona mejor cuando complementa una buena alimentación, no cuando intenta reemplazarla.

¿La proteína en polvo ayuda?
¿La proteína en polvo ayuda?

¿Qué hacer si tu meta de proteína te deja demasiado lleno?

Esta situación ocurre especialmente cuando alguien aumenta considerablemente su ingesta de un día para otro. Pasar de una alimentación con poca proteína a intentar introducir porciones enormes en cada comida puede generar una sensación constante de llenura.

El primer paso es revisar si la meta realmente está bien calculada. No existe ningún premio por consumir la mayor cantidad posible de proteína. Una recomendación excesiva puede desplazar carbohidratos, grasas, frutas, verduras y otros alimentos necesarios sin proporcionar beneficios adicionales relevantes.

Después podemos observar la distribución. Comer una cantidad moderada en varias comidas suele resultar mucho más cómodo que concentrar casi todo durante la noche. También podemos seleccionar fuentes de menor volumen cuando sea necesario.

Los líquidos pueden ayudar en situaciones concretas. Leche, yogurt bebible o un batido pueden ser más fáciles de consumir que otra porción grande de carne. Esto puede ser especialmente útil en personas que buscan aumentar masa muscular y tienen dificultades para consumir suficiente alimento.

La solución no debería ser obligarte a comer hasta sentirte incómodo. Si alcanzar tu meta parece una batalla diaria, probablemente necesitamos ajustar la estructura, las fuentes o incluso revisar si esa cantidad corresponde realmente a tus necesidades.


Llegar a tu proteína es importante, pero no olvides el resto de tu alimentación

Cuando alguien comienza a prestar atención a la proteína puede ocurrir algo curioso: todo lo demás desaparece. Cada alimento comienza a evaluarse únicamente según cuántos gramos de proteína contiene. De pronto la fruta “no sirve”, las verduras parecen irrelevantes y los carbohidratos se convierten en espacio desperdiciado dentro del plato.

Nuestro organismo necesita mucho más que aminoácidos.

Los carbohidratos pueden proporcionar energía para entrenamientos intensos y ayudar a mantener reservas de glucógeno. Las grasas participan en múltiples funciones fisiológicas. Frutas, verduras, cereales y leguminosas aportan fibra, vitaminas, minerales y numerosos compuestos importantes para la salud.

Harvard T.H. Chan School of Public Health continúa enfatizando la importancia de construir patrones alimentarios completos en lugar de evaluar la dieta mediante un solo nutriente. Una alimentación saludable incluye diferentes grupos de alimentos y prioriza calidad, variedad y equilibrio.

Esto también es relevante para el rendimiento. Alcanzar 150 gramos de proteína mientras consumes muy poca energía y carbohidratos puede dejarte sin suficiente combustible para entrenar. Y si el rendimiento cae, estamos perjudicando precisamente el estímulo que queremos aprovechar para desarrollar músculo.

La proteína es una pieza fundamental del rompecabezas, pero sigue siendo una pieza. La mejor dieta no es la que contiene la mayor cantidad posible, sino aquella que cubre tus necesidades completas mientras puedes mantenerla.

El entrenamiento también tiene un papel fundamental.
El entrenamiento también tiene un papel fundamental.

La estrategia que hace que alcanzar tu proteína deje de sentirse difícil

Volvamos a la persona del inicio. Su problema era sencillo: comenzaba el día prácticamente sin proteína y llegaba a la noche intentando compensar todo. No necesitaba duplicar la cantidad de pollo ni comprar tres suplementos diferentes. Necesitaba distribuir mejor lo que ya estaba intentando consumir.

Primero modificamos el desayuno para incluir una fuente proteica. Después nos aseguramos de que comida y cena tuvieran una “ancla” clara de proteína. Si existía un periodo muy largo entre ambas, añadimos una colación útil. De repente la misma meta que parecía enorme quedó dividida entre diferentes oportunidades.

También dejamos de depender exclusivamente del pollo. Algunos días utilizamos huevo, otros pescado, carne, yogurt, queso, leguminosas o fuentes vegetales. Si una jornada complicada hacía difícil cubrir la cantidad, una porción de proteína en polvo podía servir como complemento, no como obligación.

Alcanzar tu meta diaria de proteína se vuelve mucho más fácil cuando dejas de perseguirla al final del día y comienzas a construirla desde la primera comida. No necesitas comer cantidades gigantescas; necesitas distribuir cantidades apropiadas.

Ese cambio parece pequeño, pero transforma completamente la experiencia de una alimentación orientada al gimnasio. La proteína deja de sentirse como una tarea y comienza a formar parte natural de tus comidas.


Conclusión: tu meta de proteína debería adaptarse a tu vida, no controlar tu vida

Consumir suficiente proteína puede favorecer el mantenimiento y desarrollo de masa muscular cuando se combina con entrenamiento de fuerza. También adquiere especial importancia cuando buscamos mejorar nuestra composición corporal. Pero alcanzar esa cantidad no debería significar vivir contando cada gramo ni llevar seis recipientes de pollo a todas partes.

La estrategia comienza estableciendo una meta apropiada para ti. Después distribuimos esa cantidad entre las comidas que realmente realizas, utilizamos diferentes fuentes de proteína y recurrimos a colaciones o suplementos solamente cuando facilitan el proceso.

Con el tiempo, lo que inicialmente requería cálculos comienza a volverse intuitivo. Aprendes qué desayunos contienen suficiente proteína, qué porción necesitas durante la comida, cómo completar una cena y qué opciones puedes elegir cuando comes fuera.

Y esa habilidad vale mucho más que alcanzar una cifra perfecta durante siete días. Porque desarrollar músculo, perder grasa o mejorar tu composición corporal requiere meses de consistencia. La alimentación que funciona es aquella que puedes continuar cuando tienes trabajo, compromisos, vacaciones, restaurantes y días donde absolutamente nada sale según lo planeado.

En nuestros Planes de 90 Días, combinamos nutrición personalizada con entrenamiento en casa o gimnasio para que objetivos como cubrir proteína, mejorar rendimiento y modificar composición corporal se conviertan en acciones que realmente puedas aplicar a tu rutina.

Porque alcanzar tu meta diaria de proteína no debería ser la parte más difícil de ponerte en forma. Cuando existe una estrategia adecuada, la proteína deja de ser un número que persigues cada noche y se convierte simplemente en una parte natural de tu alimentación.


Referencias

  1. Nunes EA, Colenso-Semple L, McKellar SR, Yau T, Ali MU, Fitzpatrick-Lewis D, et al. Systematic review and meta-analysis of protein intake to support muscle mass and function in healthy adults. J Cachexia Sarcopenia Muscle. 2022;13(2):795-810. doi:10.1002/jcsm.12922. PubMed

  2. Wirth J, Hillesheim E, Brennan L. The role of protein intake and its timing on body composition and muscle function in healthy adults: a systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. J Nutr. 2020;150(6):1443-1460. doi:10.1093/jn/nxaa049. PubMed

  3. Tagawa R, Watanabe D, Ito K, Ueda K, Nakayama K, Sanbongi C, et al. Synergistic effect of increased total protein intake and strength training on muscle strength: a dose-response meta-analysis of randomized controlled trials. Sports Med. 2022;52(11):2673-2690. doi:10.1007/s40279-022-01717-9. PubMed

  4. Hartono FA, Martin-Arrowsmith PW, Peeters WM, Churchward-Venne TA. The effects of dietary protein supplementation on acute changes in muscle protein synthesis and longer-term changes in muscle mass, strength, and aerobic capacity in response to concurrent resistance and endurance exercise in healthy adults: a systematic review. Sports Med. 2022;52(6):1295-1328. doi:10.1007/s40279-021-01620-9. PubMed

  5. Lim MT, Pan BJ, Toh DWK, Sutanto CN, Kim JE. Animal protein versus plant protein in supporting lean mass and muscle strength: a systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. Nutrients. 2021;13(2):661. doi:10.3390/nu13020661. PubMed

  6. Reis CEG, Loureiro LMR, Roschel H, da Costa THM. Effects of pre-sleep protein consumption on muscle-related outcomes: a systematic review. J Sci Med Sport. 2021;24(2):177-182. doi:10.1016/j.jsams.2020.07.016. PubMed

Comentarios


bottom of page