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Triglicéridos altos a los 40: el orden en que conviene atacarlos

hace 2 días
5 min de lectura

Los triglicéridos son el valor del perfil de lípidos que más rápido responde a cambios de hábitos, y responden en un orden bastante claro: primero el alcohol y los azúcares líquidos, después el exceso calórico, después el ejercicio. Qué tan alto está tu resultado y si requiere tratamiento lo determina tu médico.

Es el valor que más se ignora del estudio, porque el protagonismo se lo lleva el colesterol. Y es una lástima, porque es el que mejor recompensa el esfuerzo: mientras el LDL puede tardar meses en moverse, los triglicéridos suelen responder en semanas cuando atacas lo correcto.

¿Qué son y por qué suben a los 40?

Son la forma en la que tu cuerpo transporta y almacena grasa. Una parte viene de lo que comes y otra la fabrica tu propio hígado, sobre todo a partir de exceso de energía y de azúcares. Esa segunda vía es la que explica por qué alguien que “casi no come grasa” puede tener los triglicéridos altos.

A los 40 se juntan varias cosas: menos actividad que a los 25, más comidas fuera, alcohol social más frecuente, algo más de grasa abdominal y con cierta frecuencia un grado de resistencia a la insulina que todavía no da la cara en la glucosa. Los triglicéridos suelen ser el primer valor que lo delata.

Un solo resultado alto tampoco es un diagnóstico. Hay factores que lo inflan de forma temporal —una cena copiosa la noche anterior, alcohol reciente, un ayuno mal hecho— y por eso la lectura es de tu médico, con el contexto completo. El desarrollo general está en Triglicéridos Altos: Causas y Estrategias Nutricionales para Reducirlos.

¿Cuál es el orden que más rinde?

Este, y el orden importa tanto como el contenido, porque hacerlo al revés es la razón por la que mucha gente se cansa antes de ver resultados.

  • Uno: el alcohol. Es el que más suele mover el número y el que menos se menciona. Incluso un consumo que parece moderado puede sostener triglicéridos altos.

  • Dos: los azúcares líquidos. Refrescos, jugos, bebidas de café azucaradas. Se absorben rápido y van directo a esa vía del hígado.

  • Tres: el exceso calórico. Si hay peso de más, reducirlo baja triglicéridos casi siempre. Pero va tercero, no primero.

  • Cuatro: el ejercicio, sobre todo el que se hace de forma regular y sostenida.

  • Cinco: el tipo de grasas y la fibra. Ajustes finos que importan, pero que no compensan si los cuatro anteriores están mal.

Fíjate en que los dos primeros no requieren contar nada ni pesar nada. Son decisiones binarias, y por eso son las que primero conviene tomar.

¿Por qué el alcohol pesa tanto?

Porque cuando hay alcohol en tu sangre, tu hígado lo prioriza sobre todo lo demás. Mientras lo procesa, el resto de los combustibles se acomoda, y una parte de esa energía termina saliendo como triglicéridos. A eso se suman las calorías del propio alcohol y las que casi siempre lo acompañan.

Por eso una persona que hace todo bien de lunes a viernes y toma el fin de semana puede tener un perfil de lípidos que no corresponde con su esfuerzo. El desarrollo completo está en Alcohol y Salud: La Verdad Científica sobre su Impacto en el Corazón, el Cerebro y el Rendimiento Físico.

¿Hay que quitar los carbohidratos?

No, y esa confusión hace daño. Lo que sube triglicéridos es el exceso de energía y los azúcares de absorción rápida, no la tortilla ni el arroz dentro de una alimentación que cuadra. Quitar los carbohidratos enteros suele bajar el rendimiento en el gimnasio sin aportar nada que no se consiguiera arreglando lo demás.

La distinción está desarrollada en Carbohidratos y gym: por qué no debes tenerles miedo. Lo que sí conviene revisar es cuánto de tus carbohidratos llega en forma líquida y cuánta fibra viene con ellos.

¿Qué aporta el entrenamiento?

Aporta, aunque no es la palanca principal en este valor específico. Un metaanálisis publicado en Clinical Nutrition comparó ejercicio aeróbico, dieta y ambos combinados sobre lípidos y lipoproteínas en adultos, y concluyó que la dieta, y en especial la dieta con ejercicio, es superior al ejercicio solo para mejorar varios de esos valores.

Y una revisión publicada en Sports Medicine analizó los efectos diferenciados del ejercicio aeróbico, el entrenamiento de fuerza y la combinación sobre el colesterol y el perfil lipídico, mostrando que las modalidades no actúan de la misma manera ni sobre los mismos componentes.

La conclusión práctica no es que el gimnasio no sirva. Es que si tus triglicéridos están altos y solo cambias el entrenamiento, es probable que te decepciones. El entrenamiento multiplica lo que hace la comida; rara vez la sustituye.

¿Y si además tienes la glucosa en el límite?

Es una combinación muy frecuente y conviene tratarla como un solo cuadro, no como dos problemas separados. Triglicéridos altos, HDL bajo, cintura amplia y glucosa en el borde suelen compartir el mismo mecanismo de fondo, y la buena noticia es que también comparten las soluciones.

Lo que se hace para uno suele mejorar el otro. Si ese es tu caso, el panorama está en Glucosa en 100-125: qué significa y qué puedes hacer además de la dieta y el cuadro lipídico completo en Me salió alto el colesterol: qué cambia con entrenamiento y comida.

¿Qué le corresponde a tu médico?

Definir si tu cifra está en un rango que requiere tratamiento, descartar causas que no son de estilo de vida —hay medicamentos, condiciones tiroideas y factores hereditarios que elevan triglicéridos— y decidir el plazo para repetir el estudio. Nada de eso se resuelve con hábitos ni con este artículo.

Si te indicó un tratamiento, lo que hagas con la comida y el gimnasio acompaña esa indicación. No la sustituye, y suspender algo por cuenta propia porque el número mejoró no es una decisión que te toque tomar sola.

Y conviene evitar una frase que se lee mucho: entrenar no revierte nada. Lo que hace es modificar factores que están detrás del número, y eso ya es suficiente razón para hacerlo.

¿Cuánto tardan en bajar?

Menos que el resto del perfil, y esa es la parte alentadora. Cuando el problema es principalmente alcohol, azúcares líquidos o exceso calórico, los cambios suelen empezar a reflejarse en semanas y no en meses, siempre que los cambios hayan sido reales y sostenidos.

El plazo exacto para repetir el estudio lo define tu médico, y conviene respetarlo en lugar de correr al laboratorio a las dos semanas. Un valor medido demasiado pronto, o medido después de una cena pesada o de un fin de semana con alcohol, puede darte un número que no representa nada y desanimarte sin razón.

Tres errores que retrasan el proceso

  • Cambiar todo al mismo tiempo. Si modificas ocho cosas a la vez y el número no baja, no sabes cuál falló. El orden que propone este artículo también sirve para diagnosticar.

  • Sustituir el refresco por jugo natural. La diferencia en azúcares libres es menor de lo que la gente supone, y en esta vía específica importa poco que la fuente sea natural.

  • Contar el alcohol como “solo unas cervezas”. Es el punto ciego más frecuente. Anota una semana completa sin editarla y la conversación cambia sola.

Y un cuarto que no es error de método sino de expectativa: pensar que un valor normalizado significa que el trabajo terminó. Los triglicéridos bajan rápido y suben rápido. Lo que sostiene el resultado es el hábito, no el episodio de tres semanas en que te portaste bien.

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Si quieres que la parte de alimentación esté diseñada con tu estudio de laboratorio a la vista y coordinada con lo que entrenas, en HARDCORE 90 está explicado cómo trabajan juntas las dos áreas y qué se revisa cada mes, siempre acompañando lo que tu médico haya decidido.

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